Las Alpacas en la Historia: el Legado del Imperio Inca
La relación entre los seres humanos y las alpacas tiene más de 6.000 años de antigüedad. Es una historia de supervivencia, espiritualidad, textiles y poder que culminó en uno de los imperios más grandes de la historia: el Tawantinsuyu, o Imperio Inca.
Los orígenes: del altiplano a la civilización
Todo comenzó en el altiplano andino, entre los actuales territorios de Perú y Bolivia, a más de 4.000 metros de altitud. Allí, las culturas preincaicas comenzaron a domesticar la vicuña salvaje, obteniendo como resultado la alpaca y la llama —dos animales distintos aunque relacionados.
Las primeras evidencias de cría de camélidos domesticados datan de aproximadamente el 4000-3000 a.C., en el período Arcaico Tardío, y se han encontrado en yacimientos arqueológicos como los de Telarmachay (Junín, Perú) y Asana (Moquegua, Perú).
El "oro suave" de los Andes
Para las civilizaciones andinas, la fibra de alpaca no era simplemente una materia prima textil: era un símbolo de riqueza, poder y divinidad. Los tejidos más finos —elaborados con fibra de vicuña y alpaca Royal— estaban estrictamente reservados a la nobleza inca y a los rituales religiosos.
Estos tejidos, llamados qompi o cumbi, eran tan valiosos que servían como moneda de intercambio, tributo y ofrenda sagrada. Se quemaban en ceremonias para los dioses y acompañaban a los muertos en sus tumbas.
El sistema de rebaños del Imperio
El Imperio Inca organizó la cría de camélidos de forma centralizada y extraordinariamente eficiente. Los rebaños imperiales contaban con millones de alpacas y llamas, distribuidas en toda la extensión del imperio (desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina y Chile).
Los pastores —llameros— eran especialistas reconocidos socialmente y estaban bajo la protección directa del Estado inca. La gestión de los rebaños era tan completa que incluía registros detallados de los animales, llevados mediante el sistema de cuerdas anudadas llamado quipu.
La llegada de los españoles y el colapso
La conquista española del siglo XVI fue devastadora para los camélidos andinos. Los conquistadores trajeron consigo ovejas, cabras y vacas, que compitieron con las alpacas por los pastos de altura. Además, la conquista destruyó el sistema organizativo inca que mantenía los rebaños.
Se estima que la población de camélidos andinos se redujo en un 90% durante el siglo XVI. Fue uno de los colapsos ecológicos y culturales más graves de la historia de América.
La recuperación moderna
A partir del siglo XX, y especialmente desde los años 1970-80, la cría de alpacas ha experimentado un renacimiento global. Perú sigue siendo el mayor productor mundial, con más de 3 millones de alpacas. El interés global por la fibra sostenible y de lujo ha impulsado la expansión de la cría a todos los continentes.
Hoy, cuando compras un jersey de alpaca o visitas un rancho en los Pirineos, eres parte de una historia que comenzó hace más de seis milenios en las alturas de los Andes.